La Capacitación de los Recursos Humanos como
Herramienta Competitiva
Guillermo van der Linde
Rosa Ysabel Ruiz
Nos
encontramos en un momento histórico donde las empresas requieren de un esfuerzo
adicional para lograr la competitividad de los mercados como consecuencia de
los procesos de integración de los mismos. Para este logro se requieren esfuerzos de innovación de modelos de negocios,
productos, servicios, procesos y tecnología. Para poder llevar a cabo estas tareas es imprescindible
contar con personal altamente calificados. Si las empresas desean personal que se desempeñe
con altos niveles de eficiencia, necesitarán determinar los requerimientos de capacitación
para lograr cerrar las brechas entre lo deseado y con lo que contamos.
El aumento de la competitividad de las empresas requiere de la
flexibilidad de estas para lograr las necesidades del sistema productivo
dinámico, como la inversión en formación, para poder facilitar la movilidad y
la utilización flexible de los recursos humanos en la empresa.
Por otra parte, una manera para que la empresa afronte con éxito los
retos competitivos de sus rivales y las incertidumbres de los mercados es tener
y disponer de personal formado o con una disposición para recibir formación. De esta manera, la formación se configura como un activo estratégico de la
firma que propicia la mejora de la competitividad y resulta ser un elemento
clave para el empleado ya que, evitando la pérdida de competencias profesionales y la vencimiento
de los resultados negativos de la recomposición económica y tecnológica, se convierte
potencialmente más competitivo.
Una
capacitación bien gestionada tiene influencia en la eficiencia de las
organizaciones. Es también una
herramienta estratégica en las empresas, pero cuando no se admite así, su
potencial no es utilizada al máximo por lo que no se obtienen resultados
halagadores.
En la
mayoría de los países del mundo, uno de los factores de riqueza más importante
es el capital humano como resultado de la educación, la salud y la
alimentación.
A
pesar de que la práctica de capacitar personal para que realicen sus
obligaciones de manera adecuada no es nada nuevo, el desarrollo científico de
personal, en un sentido organizacional amplio, si es parcialmente nuevo.
Acorde a nuestra
colectividad próspera, económica y tecnológicamente, se torna más crítica la
necesidad de un ejercicio eficiente de las tareas fijadas, no únicamente para alcanzar
mayor eficiencia en la organización, sino igualmente para lograr mayor
autosatisfacción de los empleados considerados individualmente. Hemos aprendido que lo que es ventajoso para
la organización, lo es igualmente para el empleado.
Las empresas
que no tengan implementadas acciones de capacitación tuteladas, están meramente
queriendo que su personal adquiera conocimientos y la habilidad para realizar
sus funciones, como a cada cual le juzgue de una forma desorganizada y por lo
tanto casual. A través de la
capacitación tutelada, la firma tiene oportunidad de aprovechar conocimientos,
habilidades y aptitudes que le son ventajosas a ella y al empleado.
Estudios
de la Comisión Europea sobre el
Crecimiento, Competitividad y Empleo, señalan el papel apreciable de la formación continua
en el relanzamiento del crecimiento al robustecer la competitividad de las
empresas y acceder al desarrollo de un aumento más rico en posiciones de
trabajo a través de una mejor conciliación de las competencias generales y
específicas a la evolución de los mercados.
Existe la necesidad de tener a mano una capacidad de asimilación y
explotación de las nuevas tecnologías ligadas muy cercanamente a la
competitividad para lo cual se requiere formar a los recursos humanos con las
cualificaciones precisas. Es usual
relacionar la formación y la competitividad a través del análisis de los
efectos de la formación en los niveles de productividad.
La formación en las empresas tiene influencias positivas en la forma
de aumentos de productividad que crean menores índices de desempleo, aumentos
en la recaudación impositiva, niveles más altos de salarios y una repartición
más equitativa de los ingresos en la disposición en que resulten afectados los empleados
con pobres competencias y con ingresos inferiores.
En la literatura de gestión, han sido publicados una amplia
variedad de planteamientos que aseguran la relación existente entre la
capacitación en el seno de la empresa y el incremento de la competitividad,
revelándose la formación como un arma estratégica para avalar la competitividad
de las empresas. Como consecuencia, el
sistema de capacitación desempeña un
papel notable para la formación de los recursos humanos que requiere la
actividad empresarial nacional.
Igualmente,
se ha comprobado a la luz de la evidencia empírica, que la formación afecta
positivamente, en términos de aumento de la productividad, y facilita mejoras
en los niveles de ingresos. Cuanto más encumbrada sea la formación de la población empleada, mayores
serán las posibilidades del país para generar, conservar y capturar inversiones
con un mayor valor agregado.
Así pues, los conocimientos y la capacidad de ajuste a los cambios
en el medio ambiente externo de la fuerza laboral, componen uno de los primordiales
concluyentes de la competitividad de las empresas nacionales.
En estos momentos de integración de los mercados, la
competitividad y la productividad de las empresas han establecido un desafío
que debe enfrentar la nación dominicana. Por tanto, para robustecer su posición
competitiva, tanto en el mercado nacional como en el mercado global, debemos
acrecentar el esfuerzo formativo en el seno de las empresas nacionales.